Hoy vamos a hacer el PR-G 78, pero con algunas variaciones. Estuvimos aquí hace un par de meses haciendo una ruta entre Leiro y O Carballiño y hemos decidido volver, ya que el tiempo en Galicia está bastante revuelto este fin de semana y aquí tenemos alguna posibilidad más de escaparnos de la lluvia.

Como este sendero homologado es lineal decidimos empezarlo en Lebosende. El tramo hasta aquí desde Leiro ya lo conocemos y así podemos acortar un poco la ruta. Aparcamos al final del pueblo en una zona en la que el arcén se ensancha un poco y comenzamos a andar cuesta arriba por un agradable camino.

En Paredes hacemos una pequeña parada para disfrutar de la inmensa cantidad de hórreos que hay en esa aldea. Continuamos siguiendo las marcas blancas y amarillas, pero optamos por hacer un breve desvío hacia la capilla de San Silvestre. Es una pena que pase una línea de alta tensión justo por encima.

Volvemos a la ruta oficial haciendo un pequeño tramo por carretera y cogiendo después un camino a mano izquierda. El sendero va atravesando un bosque en el que, de vez en cuando, nos topamos con algún inmenso bolo granítico. Es solo un pequeño aperitivo de lo que nos encontraremos después.

Este sendero desemboca en una pista bastante deshecha por el paso de maquinaria pesada y como ha llovido los últimos días, está llena de barro. En algunos puntos es algo incómodo pasar, pero lo vamos solventando sin mayor problema.

La pista nos lleva hasta Valboa, pero en cuanto pasamos las dos primeras casas nos desviamos de nuevo. Nos adentramos ahora en la zona más bonita de toda la ruta. Seguimos en medio de un precioso bosque al que ya le quedan pocas hojas en los árboles y cada vez nos topamos con más rocas.

En cierto punto cogemos un desvío señalizado a mano izquierda para acercarnos hasta el mirador de Pena Corneira. El sendero aquí deja de ser tan evidente y la zona de paso en muchos puntos queda delimitada por las inmensas bolas de granito que nos topamos. Algunas pasarelas de madera ayudan a franquear las zonas más complicadas, pero están mojadas y son una pista de patinaje. Vamos con mucho cuidado y bien agarrados a los pasamanos.

Y una vez en el mirador… ¡Qué maravilla de sitio! Destaca la peculiar forma de Pena Corneira, por supuesto, pero todo es bonito mires donde mires. El paisaje está salpicado de pequeñas aldeas y multitud de rocas por todas partes. En el fondo de los valles todavía quedan árboles con tonos otoñales iluminados hoy por la preciosa luz del sol que se cuela entre grandes nubarrones negros.

Hace unos años esta zona se vio barrida por un gran incendio y se ven muchos esqueletos de árboles, pero, por suerte, el suelo ya está de nuevo cubierto de matorrales verdes. Le dedicamos a este mirador un buen rato de fotos y contemplación, pero hace mucho frío y continuamos. Hay que deshacer este último tramo hasta volver de nuevo al sendero oficial.

Al poco rato llegamos a un área recreativa en donde vemos que hay otro desvío para acercarse a las ruinas de un castillo, y allí decidimos ir. Esta vez nos adentramos en una zona totalmente laberíntica y para no perderse hay que ir atentos a unos postes de madera con la punta roja. No hay ningún tipo de sendero. Son estos postes los que nos guían entre las inmensas rocas. Una vez en la cima, reconozco que yo no fui capaz de apreciar las ruinas del castillo ni con la ayuda de los paneles explicativos, pero poco me importó. Las vistas desde aquí a Pena Corneira, al estar más cerca, son incluso mejores que desde el mirador anterior. No contábamos con hacer este desvío, así que estamos alargando la ruta más de lo previsto. No nos demoramos demasiado.

Una vez de vuelta en el área recreativa nos dirigimos, ahora sí, a Pena Corneira. En cierto punto las señales empiezan a ser cada vez menos evidentes y hay que ir guiándose un poco por intuición (los GPS en estos sitios tan rocosos no son de gran ayuda), pero acabamos llegando al gran cuerno de roca de diez metros de altura. ¡Es impresionante! Decidimos comer allí mismo, con la gran puntería de que cuando ya teníamos todos nuestros manjares desplegados comenzó a llover.  Tocó comer con prisas bajo el paraguas y reanudamos la marcha en cuanto pudimos. Por supuesto, diez minutos después cesó la lluvia.

Junto al área recreativa por la que hemos pasado ya varias veces se encuentra la iglesia románica de Santa María de Lamas, del siglo XII, y paramos un momento para verla. Para no hacer la vuelta por el mismo camino vamos a hacerla por otro lado. Lo malo del regreso es que es casi todo por asfalto. Lo bueno, que podemos avanzar con mayor velocidad (importante en estos días tan cortos), que por estas carreteras apenas pasan coches y que nos lleva por ciertos puntos interesantes.

El mayor punto de interés de este tramo de vuelta es la iglesia románica de Santo Tomé de Serantes, también del siglo XII. Aquí sí que nos paramos un buen rato, ya que vale la pena observarla con atención. Lo que más destaca es el rosetón y las figuras humanas en posiciones… vamos a dejarlo en curiosas.

Poco rato después estamos de nuevo en Paredes y volvemos hasta Lebosende por el mismo sendero por el que subimos esta mañana. Quizás el asfalto final nos haya aburrido un poco, pero el resto de la ruta ha hecho que toda la jornada haya merecido mucho la pena.

Más información sobre esta ruta

El sendero principal que hemos seguido es el PR-G 78, senda de Pena Corneira, aunque algo más corto. Para la vuelta circular optamos por la opción que ofrece el blog Roteiros Galegos.

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Datos técnicos

  • Longitud: 15,9 km
  • Fecha de realización: 08/12/2020
  • Desnivel de subida: 626 m
  • Desnivel de bajada: 626 m
  • Punto más alto: 641 m
  • Punto más bajo: 259 m
  • Tipo de recorrido: Piruleta
  • MIDE / Severidad del medio natural: 2
  • MIDE / Orientación en el itinerario: 3
  • MIDE / Dificultad en el desplazamiento: 3
  • MIDE / Cantidad de esfuerzo necesario: 3
→ ¿Qué es el MIDE?

Mapa

pena_corneira_desde_lebosende

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