El fin de semana pasado fue el primero en el que se relajó un poco el confinamiento que estamos viviendo, pudiendo salir a pasear o a hacer ejercicio a primera hora de la mañana o a última de la tarde. El sábado diluviaba, así que ni me lo pensé. Si llevo siete semanas metida en casa, bien puedo aguantar un día más. Pero el domingo… debería salir, pensaba, pero lo cierto es que no estaba convencida del todo. No era una cuestión de miedo al virus, sino que me había acostumbrado a la comodidad de mi casa. Había dejado de sentir la necesidad de salir. De todas formas, la noche anterior preparé todo pensando en hacer una posible subida al Pedroso.

Cuando el domingo sonó el despertador, la niebla que envolvía la ciudad me sirvió de excusa perfecta para volver a decidir no salir. ¡No voy a subir un monte para no ver nada! En cualquier caso, al no ser capaces de volver a conciliar el sueño, decidimos vestirnos y salir a dar un pequeño paseo de una hora por el río Sarela, que es lo que tenemos más cerca de casa.

¡Qué bien me vino ese paseo! Fue una forma de comprobar que el mundo seguía ahí, más o menos igual que siempre. El murmullo del río, el trino de los pájaros y el verdor de la primavera del que no había podido disfrutar hasta ese momento me devolvieron un poco al mundo real, el del exterior. ¡El que me gusta! Me propuse que al fin de semana siguiente tenía que hacer la ruta completa sí o sí. No podía conformarme con el paseo dominguero de una hora.

Y cumplí. Este domingo volví a poner el despertador temprano y, esta vez sí, me puse en marcha. Tenía intención de salir de casa sobre las siete de la mañana y al final me dieron casi la siete y media. ¡Tendré que espabilarme para estar de vuelta a las diez! El gusanillo inicial que se tiene a veces en el estómago cuando vas a salir a caminar sola (me cuesta pensar que la norma de tener que hacer ejercicio de forma individual la haya decidido una mujer) se me pasó rápidamente al comprobar que todo en la ciudad seguía en su sitio y al encontrarme con algún que otro ciclista y corredor madrugador.

Decidí empezar mi recorrido por la carballeira de San Lourenzo y bajando hacia el río por el Camino de Santiago que se dirige a Fisterra. Una vez en el río, en vez de seguir en esa dirección, cogí el sendero que transcurre río arriba. Todavía acaba de amanecer y, aunque ya hay claridad suficiente, aún llega poca luz bajo los árboles. Hacer fotos sin trípode es una tarea prácticamente imposible, así que no hago demasiadas. Mejor, porque voy con el tiempo justo y no debo entretenerme demasiado.

He recorrido este paseo junto al río Sarela decenas de veces, así que voy fijándome mucho más en los sonidos. Desde que me leí el libro Paisaje visual y sonoro por los bosques de España, de Carlos de Hita, creo que escucho diferente. Cuando me paro a hacer alguna foto junto a algún remanso del río, no solo oigo los pájaros, sino que me deleito en el golpeteo de las gotas que caen de las hojas de los árboles. Ha estado lloviendo hasta esta noche y está todo empapado.

Tras un primer tramo de río más o menos natural (no olvidemos que estamos en el paseo fluvial de una ciudad), atravieso el parque de Galeras. No son ni las ocho de la mañana, así que no hay prácticamente nadie. Algún corredor y algún pequeño grupo de senderistas.

Una vez pasado el parque y la zona de Santa Isabel, el sendero cambia de nuevo. A partir de aquí deja de estar tan urbanizado. Eso sí, me sorprende de forma grata que está perfectamente desbrozado y que en muchos puntos hasta sería factible dejar cierta distancia de seguridad en caso de cruzarme con otra persona, aunque las únicas con las que me encuentro son pescadores. ¡Hay un montón! A uno de ellos le pregunté qué tal le estaba yendo y me contestó que mal, que solo picaban truchas pequeñas, aunque el caso era poder estar allí.

Al llegar al Romaño abandono el río para comenzar a subir hacia el monte Pedroso. Este monte está repleto de pistas y caminos así que, aunque llevo una ruta más o menos dibujada en el mapa, al final acabaré improvisando bastante. Dejo de encontrarme pescadores, claro. Ahora los que casi monopolizan el monte son los ciclistas. De nuevo es imprescindible llevar el oído bien atento, pero esta vez para procurar que no me lleve ninguna bici por delante en sus vertiginosos descensos.

A pesar de llevar tanto tiempo sin caminar, me adapto a la subida más o menos bien. No voy a negar que es un monte minúsculo en comparación con otras montañas que he subido, pero me daba cierto respeto. Aunque por ahora, todo bien.

A medida que me acerco a la cima voy encontrándome más gente y al llegar arriba del todo, aquello ya parece una feria (de la cual yo formaba parte, lo admito). Eso sí, personas que hubiésemos ido solas hasta allí, yo creo que éramos minoría. Teniendo en cuenta que ya he estado muchas veces antes allí arriba, la cantidad de gente que hay y que unas nubes no permiten disfrutar del todo de las vistas, me paro para hacer un par de fotos y me marcho. Además, ¡me quedan solo 45 minutos para estar de vuelta en casa!

Para bajar opto por evitar las pistas (llenas de ciclistas) y buscar caminillos más estrechos que bajen lo más directamente posible hacia el punto donde empecé la ruta. Este descenso lo improvisé completamente, pero al final creo que me quedó una bajada bien bonita. En algunos puntos ya había estado antes, pero por otros caminos no había pasado nunca.

Llegué a casa a las diez menos cinco. ¡Qué forma de calcular! Acabé con ciertas molestias en una cadera y con una ampolla que me descubrí en la ducha, pero eso son minucias en comparación con la sensación de bienestar que me ha ofrecido esta ruta. Aunque me haya costado arrancar, ojalá a partir de ahora solo sea un no parar.

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01/01/1970 02:00
  • Distance Instructions
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Datos técnicos

  • Longitud: 11,3 km
  • Fecha de realización: 10/05/2020
  • Desnivel de subida: 331 m
  • Desnivel de bajada: 331 m
  • Punto más alto: 457 m
  • Punto más bajo: 188 m
  • Tipo de recorrido: Circular
  • MIDE / Severidad del medio natural: 1
  • MIDE / Orientación en el itinerario: 3
  • MIDE / Dificultad en el desplazamiento: 2
  • MIDE / Cantidad de esfuerzo necesario: 3
→ ¿Qué es el MIDE?

Mapa

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