Hoy ha sido uno de esos días en los que puedo hacerme una escapadita yo sola entre semana, cosa que sienta muy bien. Me he venido hasta Lugo para hacer una ruta que, en realidad, no debería ni llamar ruta. Es más bien un paseo.

Tuve la suerte de poder aparcar justo al lado del puente romano que cruza el Miño y aproveché para tomar algo en un bar que hay allí mismo. Tras hacerle alguna foto al puente, emprendí la marcha.

Puente romano de Lugo sobre el río Miño.

Me daba un poco de miedo este primer tramo del camino ya que transcurre justo al lado de la N-VI, pero bueno, la parte ruidosa es justo al principio. Después ya se separa un poco el camino de la carretera y la zona verde es más amplia.

Esta ruta forma parte de lo que en Lugo llaman “cinturón verde” de la ciudad y está lleno de gente paseando sola, con perros, corriendo… Se ve un sitio muy activo. Da gusto.

En esta zona, casi al principio, tuvo lugar el mejor momento del día. Iba yo caminando tan tranquila, pensando en mis cosas, cuando noto un “chof” y movimiento en el agua. No llegué a ver lo que era, pero supuse que habría saltado algún pez. Me quedé mirando al agua y veo que unos patos salen volando asustados por algo. Sigo mirando y, ¿qué veo? ¡Una nutria! Nunca había visto ninguna y me hizo una ilusión tremenda. Tuve la inmensa suerte de poder estar un rato viéndola nadar, salir y meterse en el agua sin parar. Es increíble, ¡si estoy en una ciudad!

Sigo paseando sin más sobresaltos hasta llegar a la desembocadura del río Rato en el Miño. Este río también tiene un paseo fluvial, así que sigo por él. Ahora sí, ya voy mucho más separada del tráfico intenso y disfruto más todavía. La ruta está llena paneles informativos sobre la flora y la fauna de la zona. Continúa habiendo gente paseando y corriendo. Mientras subo por el lado izquierdo del río me voy fijando si hay caminos al otro lado para bajar después por ahí. No muchos, pero algo sí que podré variar.

Reconozco que es un poco vergonzoso, pero siendo gallega, Lugo es la capital que menos conozco. Vamos, es que no la conozco nada, así que me impresiona llegar al viaducto de A Chanca. No tenía ni idea de que había eso allí.

Puente del tren o viaducto da Chanca.

Sigo un poco más río arriba hasta llegar a un puente medieval por donde pasa el Camino Primitivo. Ahí decido dar la vuelta. Cuando puedo, bajo por la orilla contraria a la que subí. Cojo también un par de desvíos para acercarme a la fuente Arcada y ver una pequeña cascada desde arriba. El paseo está lleno de bancos para descansar, y aprovecho uno de ellos para tomarme unos cacahuetes y disfrutar de este sol invernal en la cara.

Al llegar de nuevo al punto donde se unen el Miño y el Rato, decido continuar un poco más Miño abajo por una senda que llaman Ruta da Fervenza. De todas formas, no la hago entera. A los pocos kilómetros decido poner punto final al paseo acercándome de nuevo a la carretera, donde llamo a un taxi, que por algo menos de 10 € me lleva de nuevo al coche.

Allí, al lado del puente romano, hay un área recreativa inmensa y aprovecho para comer en una de las mesas de madera. ¡Qué bien sientan esos paseos solitarios entre semana para desconectar un poco de la oficina!


Datos técnicos

  • Longitud: 13,7 km
  • Fecha de realización: 21/02/2019
  • Desnivel de subida: 151 m
  • Desnivel de bajada: 107 m
  • Punto más alto: 412 m
  • Punto más bajo: 361 m
  • Tipo de recorrido: Travesía
  • MIDE / Severidad del medio natural: 1
  • MIDE / Orientación en el itinerario: 2
  • MIDE / Dificultad en el desplazamiento: 2
  • MIDE / Cantidad de esfuerzo necesario: 3
→ ¿Qué es el MIDE?

Perfil

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Mapa

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Información geográfica propiedad del Instituto Geográfico Nacional.